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Hepatitis C

¿Que es la hepatitis C?

La hepatitis C es una enfermedad contagiosa causada por una infección viral -virus de la hepatitis C, VHC- que altera el normal funcionamiento del hígado, provocando inflamaciones y cicatrizaciones repetitivas del tejido hepático. Se estima que en España hay cerca de 800.000 personas infectadas, aunque solo una cuarta parte de ellas lo saben porque en una amplia mayoría de casos no presentan síntomas.

La fase aguda de la enfermedad se suele dar dentro de los 6 primeros meses tras el contagio del VHC. La amplia mayoría de las personas no presentan ningún síntoma en esta fase, pero algunas pueden presentar un cuadro clínico agudo similar a un estado gripal: dolor e hinchazón abdominal, fatiga, falta de apetito, náuseas, vómitos, coloración oscura de la orina, heces fecales de color grisáceo, dolores en las articulaciones y, en algunas ocasiones, un tono amarillento de la piel -ictericia-, causada por una excesiva presencia de bilirrubina en la sangre del paciente.

A diferencia de los virus de las hepatitis A y B -VHA y VHB-, que ya cuentan con una vacuna preventiva, en el caso del virus hepatitis C -VHC- todavía no existe ninguna vacuna. Por ello, los esfuerzos se dirigen sobre todo a detectar la enfermedad de forma precoz para intentar curarla en su fase inicial, porque si la infección no se cura en ese período, la hepatitis C en su fase aguda se transforma en crónica en un 80% de los casos. Al cronificarse la hepatitis C, aumentan las posibilidades de que el paciente desarrolle una cirrosis hepática -fibrosis del hígado con una severa disminución de sus funciones fisiológicas- en los siguientes 15 a 30 años; además, en los casos más severos, el paciente puede terminar necesitando un transplante de hígado, aunque ciertamente lo necesitan entre el 1 y el 4% de los pacientes infectados por el VHC.

¿Como se transmite?

Es muy importante informar lo primero de todos que la hepatitis C no se transmite por contacto directo como tocarse, la saliba, besarse, la tos, estornudos ni compartiendo bebidas ni comidas.

La hepatitis C se propaga por medio del cona sexual. Se calcula que este tipo de contagio representa menos del 2 por ciento de los casos. Se presenta especialmtacto de sangre sin infectar con sangre de una persona infectada (transmisión por vía parenteral); habitualmente no es una infección de transmisión sexual, ya que no se transmite a través del semen, como en el caso de la hepatitis B o el VIH-SIDA.

Se puede contraer hepatitis C:

La hepatitis C no se contagia:

Transfusiones de sangre

Antes de 1992, no era posible detectar el virus de la hepatitis C en la sangre, por lo que muchas personas recibieron transfusiones de sangre infectada. Las personas que recibieron una transfusión de sangre o un trasplante de algún órgano antes de 1992 podrían haber quedado contagiados de forma inadvertida por el virus de la hepatitis C.

Pruebas para diagnosticar la hepatitis C

La hepatitis C se desarrolla de forma generalmente asintomática, la mayoría de los casos se diagnostican por análisis sanguíneos realizados en el curso de una donación de sangre, antes de una intervención quirúrgica, o en un control rutinario. Cuando se sospecha la infección por el virus por elevación de las enzimas hepáticas, se lleva a cabo la determinación de anticuerpos contra el virus. Si los anticuerpos contra el virus de la hepatitis C son positivos, puede realizarse una determinación para detectar el ARN viral en suero mediante la técnica de PCR, ello permite confirmar el diagnóstico, determinar la carga viral y averiguar el genotipo específico del virus.

Si existiera la sospecha clínica de que la hepatitis C pudiese haber causado cirrosis hepática o cáncer de hígado, podría ser necesario efectuar una biopsia hepática diagnóstica. La biopsia es una prueba relativamente sencilla, consiste en extraer una muestra muy pequeña del hígado por medio de una aguja, el tiempo de recuperación es corto, apenas unas horas de inmovilidad en el hospital para prevenir posibles hemorragias. Ese fragmento se estudia para determinar si existe lesión hepática, cirrosis o cáncer de hígado. En ocasiones el médico puede considerar necesario realizar pruebas de imagen, como ecografía hepática, o tomografía axial computarizada (TAC). También se realizan otras pruebas de laboratorio, como la determinación de alfa-fetoproteína en plasma, que podría orientar ante la sospecha de cáncer hepático.

¿Cómo se detecta?

El VHC desarrolla su ciclo vital en el interior de las células hepáticas o hepatocitos, provocando su muerte y la consiguiente liberación del VHC al torrente circulatorio, así como de enzimas específicas de estas células hepáticas -denominadas transaminasas-, y por consiguiente su aumento detectado en un análisis rutinario de sangre nos debe alertar sobre una posible infección por el VHC. Por consiguiente, mediante un análisis de sangre, se puede determinar el aumento de las transaminasas, así como la existencia de anticuerpos generados por el virus de la Hepatitis C, pero esto sólo indica que una persona ha tenido un contacto con el VHC. Para confirmar el diagnóstico de la infección en su fase aguda se utiliza la prueba de la inmunotransferencia con antígenos recombinantes del virus de la hepatitis C. Por otro lado, el diagnóstico de la infección crónica se establece cuando en la sangre hay anticuerpos contra el VHC durante más de 6 meses; diagnóstico que, al igual que para la fase aguda, también se confirma con pruebas específicas.

El diagnóstico temprano puede evitar complicaciones para la salud de la persona infectada, así como su transmisión a otras personas de su entorno. Por esto, se recomienda la realización de pruebas de detección a las personas que pueden tener riesgo de infectarse; entre ellas: aquellas que recibieron trasplantes, sangre o productos sanguíneos antes de 1992 -momento en que se implantaron las pruebas de tamizaje del VHC, denominado hasta la fecha Virus no A no B-; a quienes consumen drogas inyectables; pacientes en hemodiálisis crónica; personal sanitario; personas infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana -VIH-; personas con enfermedades o alteraciones hepáticas; y recién nacidos de mujeres infectadas.

Anteriormente la biopsia hepática era la exploración que más se utilizaba para explorar la afectación hepática en los pacientes infectados por el VHC y establecer el estadio de la evolución de la hepatitis C. Hoy en día las pruebas ecográficas de tecnología avanzada pueden establecer con seguridad la afectación hepática de los pacientes, así como sus posibles complicaciones.


¿Qué puede hacer para evitar contraer hepatitis C la persona que, no estando infectada, está informada de la existencia de la enfermedad?

Hasta ahora no existe ninguna vacuna disponible que proteja de la hepatitis C. Por tanto para reducir el riesgo de contraer la hepatitis C la mejor opción es estar muy bien informado y conocer cómo se transmite para evitar así las situaciones de riesgo.

En general no se deben compartir enseres domésticos que podrían causar hemorragias, como cuchillas de afeitar o cepillos de dientes.

También tener en cuenta que deben recubrirse las heridas abiertas para reducir el riesgo de exposición a sangre infectada.

El virus de la hepatitis C puede destruirse mediante técnicas de esterilización, si bien ha de hacerse correctamente. A fin de reducir el riesgo de contraer hepatitis C mediante prácticas higiénicas deficientes, piense detenidamente en aquellas situaciones en las que sepa que hay posibilidad de que se produzca un pinchazo en la piel (por ejemplo, realización de tatuajes o perforaciones corporales (piercing) y asegúrate de que todo el material ha sido perfectamente esterilizado y se cumplen los protocolos marcados sanitariamente.

Si acudes a un establecimiento para hacerte un tatuaje debes asegurarte que la tinta utilizada se abre delante de ti y que se observan todas las medidas de higiene y seguridad.

Si tienes que manipular sangre o hemoderivados, lleva guantes y ten cuidado con los objetos punzantes (por ejemplo, agujas y jeringas). No manipules sangre con la piel desnuda ya que es posible que tenga pequeños cortes o arañazos no visibles.

Hoy día, la sangre y los hemoderivados preparados con anterioridad para administración por parte de profesionales sanitarios, son objeto de un cribado sistemático del virus de la hepatitis C en la mayoría de los países y también pasan por un procedimiento para inactivar el virus cuando procede.

h4>Actualmente en España ya hay varias opciones de tratamiento para todos los genotipos de la Hepatitis C.

El pasado 18 de noviembre de 2014 El Ministerio de Sanidad, Igualdad y Servicios Sociales (MSSSI) publicó los Informes de Posicionamiento Terapéutico (IPT) de sofosbuvir (Sovaldi) y simeprevir (Olyseo) para el tratamiento de la hepatitis C.

El 20 de enero de 2015 la AEMPS publicó el Informe de Posicionamiento Terapeutico (IPT) del datasclavir (Daklinza) para el tratamiento de la hepatitis C.

El 20 de marzo de 2015 la AEMPS ha publicado:

  • Informe de Posicionamiento Terapeutico de ledipasvir/Sofosbuvir (Harvoni)
  • Informe de Posicionamiento Terapeutico de Viekirax (ombitasvir/ritonavir) y Exviera (dasabuvir).
  • Los IPT evalúan el valor añadido del nuevo fármaco e informan sobre la posición que éstos ocupan en relación con otros ya existentes. Es decir, tratarían de identificar a aquellos grupos de pacientes para los que el acceso a una nueva opción terapéutica en el marco del SNS sería prioritario atendiendo a razones diferenciales de eficacia y seguridad comparativas frentes a las alternativas disponibles.

    El objetivo de estos IPT es facilitar a los hepatólogos la prescripción para sus pacientes.

    Los hepatólogos ante la situación clínica de sus pacientes, prescriben el tratamiento más indicado para cada uno de ellos.

    *Terapia doble :

    Consiste en la combinación de ribavirina (que se toma por vía oral), con interferón pegilado, medicamento que se inyecta por vía subcutánea y se administra una vez a la semana durante 24-48 semanas, en función del genotipo viral. El número de pacientes que responde al tratamiento (RVS: ARN viral indetectable tras 24 semanas de terminar la terapia) es, aproximadamente, del 54% en promedio. En los genotipos 2 ó 3 se alcanza una respuesta virológica sostenida (RVS: ARN viral indetectable tras 24 semanas de terminar la terapia) en el 70-80% de los pacientes tomando 800 mg ribavirina y 24 semanas de tratamiento.

    Pero sólo del 40-50% de los pacientes con genotipo 1 (el más frecuente en España y el mundo Occidental) hay una respuesta viral sostenida, a pesar de usar ribavirina 1000-1200 mg/día y 48 semanas de tratamiento.

    También el índice de curación no llega al 50% para el genotipo 4.

    Por lo cual a los pacientes con genotipo 1 o genotipo 4 se les ha llamado “pacientes difíciles de tratar” con la terapia doble.

    Ni interferón pegilado ni rivabirina actúan de forma directa sobre el virus, sino que su actividad se basa en potenciar el sistema inmunitario, para aumentar la efectividad de la respuesta.

    *Terapia triple con boceprevir o telaprevir (solamente para pacientes con genotipo 1 del VHC):

    Consiste en añadir a la terapia doble un tercer fármaco que puede ser telaprevir (Incivo®. Janssen-Cilag) o boceprevir (Victrelis®. Merck Sharp & Dohme); estos dos fármacos son los primeros agentes antivirales de acción directa (DAA en inglés) y actúan como inhibidores de la proteasa NS3/4A. La cadena ARN del VHC se transcribe dentro del hepatocito a una poliproteina que incluye todas las proteinas virales estructurales y no estructurales. Esta poliproteina es fragmentada por la serinproteasa NS3/4A para poder continuar el ciclo de replicación viral. Lo que consiguen estos dos fármacos es inhibir la acción de esta serin proteasa.

    Ambos tratamientos son orales y como hemos dicho se usan conjuntamente con la terapia estándar IFN + ribavirina para pacientes con genotipo 1.La dosis de telaprevir es 750 mg (2cp) /8 h durante 12 semanas. La dosis de boceprevir es 800 mg (4cp)/ 8h durante 24-48 semanas según controles de carga viral y precisa una inducción de IFN + ribavirina en las primeras 4 semanas del tratamiento.

    La incorporación de uno u otro de estos dos antivirales de acción directa contra el VHC a interferón i ribavirina ha incrementado las tasas de curación hasta niveles superiores a un 70 %.

    Los antivirales de acción directa se denominan así porque actúan de forma específica sobre alguna de las diversas fases del ciclo de vida del VHC rompiendo así la cadena de reproducción. Según la fase del ciclo vital sobre la que actúan impidiendo la replicación del VHC reciben diferentes nombres agrupándolos por clases o familias de fármacos. Por ejemplo boceprevir i telaprevir pertenecen a la familia de los inhibidores de la proteasa del VHC ya que inhiben la acción de esta encima del virus que desempeña un papel fundamental en la replicación del VHC

    Un único AAD no puede evitar por sí solo la reproducción del VHC porque éste realiza cada día millones de copias de sí mismo y fruto de esa reproducción incontrolada algunas de esas cópias podrían presentar ciertas variaciones en su estructura genética (llamadas mutaciones), que podrían causar que el VHC se volviera resistente a los fármacos antivirales. Por tanto boceprevir i telaprevir han de utilizarse conjuntamente con interferón y ribavirina para garantizar que esta triple terapia ayuda al sistema inmunitario a fortalecer las respuestas contra el virus y librarse de las células infectada por el VHC y dificulta el proceso de replicación viral dentro de la célula.